
El verano tiene algo de promesa y de paréntesis. Se vive con el ímpetu de quien sabe que el tiempo corre en su contra y, al mismo tiempo, con el placer de entregarse a la lentitud. Entre la intensidad y la ligereza, en un paraíso perdido, en una playa de moda o en un curso de idiomas en el extranjero, el verano es ese territorio gozoso donde todo parece posible. Leer


