
La historia empezó con una caja pequeña. Dentro había cartas, fotografías, dedicatorias, manuscritos, restos materiales y emocionales de una vida interrumpida demasiado pronto. No era un archivo monumental ni un legado literario organizado, sino un conjunto íntimo, fragmentario, casi doméstico: huellas dispersas de un joven cuya biografía quedó detenida por la guerra. A partir de ese archivo mínimo, Hervé Le Tellier construye El nombre en el muro (Seix Barral), un libro difícil de clasificar que se mueve con precisión entre labiografía, el ensayo moral y la literatura de la memoria. Leer


