Carmen Díaz, facialista: «Al ducharnos con agua fría la temperatura baja, por lo que el organismo aumenta el gasto energético y acelera el metabolismo»

En verano, la ducha fría deja de ser un reto y se convierte en un gesto casi de supervivencia: refresca, activa la circulación, espabila la mente y puede ayudar a sentir la piel más tonificada y las piernas más ligeras. Eso sí, mejor con sentido común: poco a poco, sin exagerar y escuchando siempre al cuerpo antes de lanzarse. Leer

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