
La última vez que contaron, había más de 500 camisetas en su armario —que solía ser la portería de su casa, hasta que la transformaron en su vestidor: una cueva de Alí Babá donde hay desde plataformas de Bershka hasta chaquetones de pelo de Saint Laurent—. A Alaska y Mario les unió la música, pero su historia la hila una idea compartida de que lo que se viste es la performance más honesta de uno mismo. Leer


