
Hay algo en la Semana Santa que invita a leer de otra manera. Quizás sea el cambio de ritmo, los trayectos más largos de lo habitual o ese tiempo que, de pronto, parece abrirse entre planes. En ese espacio —entre una escapada, una sobremesa que se alarga o una tarde sin prisa— hay lecturas que encajan especialmente bien. La novela negra es una de ellas. Leer


