
Hay temporadas lectoras que pasan sin dejar huella y otras que, sin previo aviso, se convierten en conversación colectiva. No porque todos leamos lo mismo, sino porque ciertos libros consiguen algo más raro: instalarse en el discurso, infiltrarse en el algoritmo, provocar reacciones que van más allá del «me ha gustado». En un ecosistema cultural dominado por la velocidad, la imagen y el impacto inmediato, que una novela consiga permanecer varios meses en la conversación pública es casi una anomalía. Leer


