
Un día cualquiera, en un piso de Madrid, el aire dejó de ser respirable sin que nadie lo advirtiera. No hubo olor, ni ruido, ni señal de alarma. El monóxido de carbono estaba ahí, invisible, silencioso, apagándolo todo poco a poco. No dio tiempo a reaccionar ni a comprender qué estaba ocurriendo. Aquella intoxicación doméstica, tan banal en apariencia, estuvo a punto de costarle la vida a Marta Jiménez Serrano y se convirtió, con el paso de los años, en el núcleo desde el que se articula su libro Oxígeno (Alfaguara). Leer


